Un niño que recoge su habitación y colabora en las tareas domésticas, que ayuda a sus amigos cuando lo necesitan, que comparte las cosas con los demás... no, no estamos hablando del hijo perfecto, sino de un niño al que se le ha transmitido la importancia de ayudar a los demás. ¿Fácil? ¡En absoluto! Pero si empezamos desde bien pequeños podemos obtener unos resultados más que satisfactorios.
De nada sirve quejarse cuando nuestro hijo tiene 14 años y no participa en las tareas domésticas.
Si queremos transmitir a nuestro hijo el valor de la ayuda a los demás,
es conveniente que, desde pequeño, comprenda la importancia de colaborar dentro y fuera de casa. Es imprescindible que los padres nos convirtamos en modelos que sirvan al niño de referencia.