Toda institución de desarrollo, abocada a promover y difundir los valores sociales sin ánimo de lucro, no debe implementar una gestión convencional, como en otras organizaciones comerciales o industriales. Más bien debe abrirse a un modelo mental capaz de adaptarse a las necesidades internas, generando espacios de mejora de procesos de aprendizaje transformacional en los que personas, equipos y organizaciones descubren y desarrollan su potencial, incrementando la calidad y efectividad de sus formas de trabajo y convivencia.
Sin duda alguna, no se puede lograr mejorar los procesos de un día para otro, pero sí podemos contribuir al fortalecimiento institucional, consolidando organizaciones más eficientes a través del cambio y aprendizaje continuo, como un insumo e incentivo para desarrollar y optimizar capacidades.